La ciudad, la gran ausente del debate económico

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La ciudad, la gran ausente del debate económico

Entre los nuevos temas que se debaten en la contienda presidencial, esta la diversificación de la economía y la necesidad de superar el paradigma de la “economía extractivista”. En este concepto que se asocia principalmente a la minería, se ven dos amenazas; la primera, es la especialización de la economía chilena que la hace vulnerable y la segunda, el impacto ambiental que presenta dicha actividad

Frente a este discurso (que es poco propositivo) vale la pena destacar casos tales como la reciente selección de Chile como principal destino Turístico de la Guía Lonely Planet. En este reconocimiento, que valora la diversidad de paisajes que tiene el país, se menciona el creciente interés que hay sobre Santiago, destacándose su conectividad y fácil acceso.

En este ejemplo, hay un punto importante que invita a pensar en el rol que tienen las áreas metropolitanas, en la diversificación de la economía. Como se sabe, las ciudades en la medida que incrementan su tamaño demográfico, generan economías de escala, lo cual permite ahorrar costos y masificar beneficios, incrementando las oportunidades para la mayoría de sus habitantes. Pero además de generar ventajas económicas y sociales, las ciudades complejizan la democracia. Esto se produce porque la concentración urbana diversifica las interacciones sociales, facilitando la amplificación de las ideas, logrando con ello, agrupar a personas con pensamientos similares. Por ello es frecuente que las nuevas demandas sociales emerjan desde las grandes ciudades.

Es en este contexto donde las ciudades se transforman en enormes incubadoras de nuevos emprendimientos y negocios, a la vez que impulsan la tercerización económica, lo cual es la clave de una matriz productiva diversificada, con menos impacto ambiental. Por lo anterior, una forma que tienen los gobiernos de mejorar su economía es invertir en sus grandes ciudades.

No obstante esas ventajas, el crecimiento urbano no está exento de riesgos. El principal de ellos es el despoblamiento producto de malas políticas de planificación. Cuando no se abordan las externalidades implícitas en la concentración demográfica, el costo de los impactos ambientales y sociales opaca a las ventajas de residir en los centros urbanos y estos se despueblan. Esto es lo que, a lo largo de muchos años, ha pasado con el centro de Valparaíso. También es lo que ocurrió en los 90s en el centro de Viña del Mar. Por ello en la medida que las ciudades crecen, es clave invertir en infraestructura urbana y espacios públicos todo lo cual incide en la sustentabilidad del crecimiento urbano. El ejemplo más cercano de aquello es el hundimiento de la línea férrea, con la posterior reconversión de los paños de la fábrica CRAV o el camino la Pólvora que abrió una nueva zona y plataforma logística.

En la región de Valparaíso vive el 10% de las personas del país y aporta un 8,1% del PIB nacional, el cual podría mejorar. Este se compone de actividades económicas mineras, industriales manufactureras, turismo, transporte y servicios inmobiliarios. El Gran Valparaíso, con sus cinco comunas y su millón de habitantes, es una metrópoli con enormes oportunidades. A la cercanía a Santiago, se unen atributos ambientales y zonas con un potencial latente relevante, como es el caso del barrio industrial El Salto, donde los empresarios apuestan por un interesante plan de reconversión, o el parque industrial de Curauma que espera las definiciones del nuevo Plan Regulador de Valparaíso.

Para profundizar el rol del Gran Valparaíso en el crecimiento económico y masificación de la calidad de vida, es fundamental superar tres cosas. Una de ellas, es la barrera institucional. Es clave avanzar hacia una gobernanza metropolitana que permita coordinar los procesos de planificación. La segunda, es la necesidad de instalar una visión mancomunada entre los alcaldes y el Gobierno Regional donde exista consenso en el potencial económico-territorial de la conurbación. La tercera, es una cartera importante de proyectos de infraestructura urbana de enfoque integral. En este sentido, las propuestas del Consejo de Movilidad Regional, entre las que destaca la Avenida Metropolitana, van en la dirección correcta. A esto hay que sumar la gestión de riesgos naturales en las planificaciones venideras, dado que este asunto tiene impactos económicos importantes.

La Bienal de Arquitectura que, dado el éxito de su versión anterior, se repite en Valparaíso, es una instancia clave para colocar el diálogo respecto al rol activo que las nuevas áreas metropolitanas bien planificadas pueden jugar en el necesario crecimiento económico del país. Si priorizamos las ciudades en la política nacional, entonces podremos pensar seriamente en superar el paradigma extractivista y avanzar hacia una economía más sustentable en todas sus dimensiones. Antes de ello, todo ese discurso, solo es música.

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