Gestión ex ante de los riesgos socio-naturales

Luego de casi 2 años de trabajo de la comisión de infraestructura para la movilidad y el transporte sustentable del Gran Valparaíso, en donde se abordaron asuntos como el consensuar un diagnóstico común y otorgar una visión que permita mirar muchos años hacia adelante, quedan algunos desafíos pendientes, y no menos urgentes, para lo cual debemos actuar, puesto que una ciudad inteligente debe saber cómo prevenir y reaccionar ante los riesgos que llamábamos naturales, hoy socio-naturales, y también frente a los provocados.

Es posible constatar que los avances científicos e ingenieriles en el mundo avanzan en una dirección en la que el diseño de las estructuras, tanto en infraestructura vial como en edificaciones, debe soportar grandes eventos, siendo capaces de prevenir situaciones que pongan en riesgo a las personas y el normal funcionamiento de la ciudad. Chile ha sido pionero y es un referente a nivel mundial en estructura sísmica. Sin ir más lejos, a raíz del terremoto del 27F, universidades chilenas han desarrollado nuevas normativas, un aislador sísmico y un disipador de energía, los que absorben la fuerza de los movimientos telúricos, cuestiones que ya han recorrido el mundo, siendo un gran ejemplo de innovación en la ingeniería estructural.

Frente a dicha constatación es que los planes urbanísticos debieran contener normativas que fomenten la implementación de soluciones innovadoras, en especial las de orden preventivo, para una buena gestión del riesgo. Ya entrado el siglo XXI sabemos cómo ocurren estos riesgos socio-naturales, conocemos la magnitud y los niveles de esas fuerzas que literalmente nos golpean por tierra, mar y aire, generando innumerables daños a viviendas, comercio, servicios, vías de comunicación y equipamientos.

En este milenio, lleno de avances tecnológicos, en Chile hemos tenido al menos 7 terremotos que han afectado a la Región de Valparaíso. Esos avances nos han permitido contemplar, porque muchas veces algunos los convierten en grandes eventos para la captura del espectador, la destrucción en tiempo real, en vivo y en directo producida por el temblor de tierra que colapsa edificios en cuestión de segundos. Y no solo de movimiento telúricos, sino también de agresivos incendios que consumen casas de los cerros de Valparaíso durante largos días, arrasando con todo lo que encuentran las llamas en su avance.

Hoy, el diseño de la ciudad y sus redes hacia otras ciudades, deben ser capaz de ser resiliente frente a la catástrofe, esa que muy bien conocen los cerros del Gran Valparaíso, fuertemente azotados por incendios, derrumbes y terremotos.

¿Qué debiéramos hacer entonces? Muy simple: gestionar los riesgos naturales ex ante. Contamos con la mejor normativa sísmica del mundo, lo cual genera tranquilidad, pero eso es solo una dimensión dentro de la multiplicidad de factores que se requieren evaluar y gestionar, tanto preventiva como reactiva, y respecto a distintos tipos de amenazas que nos afectan y que los instrumentos de planificación han de seguir incorporando.

Si bien existe una política nacional que contempla materias de gestión de riesgo y desastres socio-naturales, su materialización en normas y leyes que la hagan vinculantes y obligatorias, y que las relacionen estrechamente con la gestión ambiental y el ordenamiento territorial, es una tarea en la cual estamos en deuda y atrasados a nivel mundial. Así como también en la enseñanza universitaria, que lentamente comienza a investigar estos asuntos.

Nuestras ciudades crecen sin un ordenamiento que contemple información científico-técnica sobre vulnerabilidad y amenazas naturales. Ejemplos de esta ausencia hay a raudales: oficinas públicas y hospitales construidos en zonas de tsunamis, viviendas en quebradas, lechos de ríos e infraestructura vial poco resiliente, son algunos de los casos más evidentes. Es así como los fenómenos naturales nos muestran infraestructuras obsoletas, ausentes o mal localizadas que se pueden convertir en trampas mortales para el ciudadano.

Como hemos podido ver en la clausura de la XX Bienal de Arquitectura, que fue al mismo tiempo el inicio de Puerto de Ideas, desde las experiencias urbanas de Constitución, Calama o Choapa se hace imprescindible que la prevención normativa de gestión de riesgo natural sea vinculante y, estar contenida en las diferentes escalas y herramientas de ordenamiento territorial. La planificación, convenientemente, debe adelantarse a las consecuencias de las diversas catástrofes a las que sabemos que Chile ha estado y seguirá estando expuesto.

Columna escrita junto a Isabel Matas para diario El Mercurio de Valparaíso.

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