La ciudad, la oficina y el covid19, ¿un futuro incierto?

La pandemia nos ha traído grandes desafíos económicos y laborales. Nos ha obligado, a muchos, a tener que realizar diversas actividades desde la vivienda, con todas las comodidades que ello pudiera implicar, lo cual ha sido un sueño para muchos, y una pesadilla para otros.

Para los primeros, ha implicado que probablemente han tenido más tiempo para el ocio y realizar actividades antes postergadas, como leer un libro, tareas domesticas, ver series, hacer nada. Es también probable que se hayan dado cuenta de la gran cantidad de tiempo que destinan en desplazamiento en la ciudad para dirigirse al trabajo y a la vivienda.

Para los segundos, quizás han visto como el hogar no cumple con las condiciones necesarias para el desarrollo de las actividades laborales, tanto por asuntos de diseño, como también por el hecho de tener que compartir espacio con otros, en especial cuando se tienen niños en etapa escolar, quienes demandan sus propias actividades, las que deben ser acompañadas, muchas de ellas, por los adultos.

Diversas columnas, análisis, comentarios, nos muestran como el sueño de muchos es trabajar desde algún lugar con vista al mar, en el campo, en una cafetería o algún sitio lejano al mundo urbano, a la densidad urbana. También se escucha como la ciudad tiene un futuro incierto. Oficinas abandonadas, restaurantes vacíos, valores de las propiedades en colapso, calles sucias… un cuadro de ruina urbana.

Cuantificar las ventajas productivas de las ciudades más grandes y comprender su naturaleza se encuentran entre las cuestiones más fundamentales de la economía urbana. Si bien el temor de ver ciudades con un aspecto de abandono es comprensible, ignora las grandes utilidades y productividad que son fomentadas por las ciudades, las que surgen de formas que el teletrabajo no puede replicar.

Yang et al. (2020) ilustran como la competencia del mercado expulsa a las empresas ineficientes, estimulando la productividad urbana. Las ventajas productivas de las ciudades más grandes se manifiestan en una mayor productividad de los establecimientos ubicados en ellas (Henderson, 2003Combes et al., 2012). También podemos ver que los trabajadores de las ciudades más grandes ganan más que los trabajadores de las ciudades más pequeñas y las zonas rurales.

Duplicar el tamaño de la ciudad aumenta la productividad per cápita entre un 3% y un 8%, según el país (Melo et al., 2009). Eso implica que las personas en una ciudad de 16 millones producirán casi un 30 por ciento más que las de una ciudad de 500.000.

Duranton y Puga (2020) nos dicen que la densidad urbana, así como el tamaño de la cuidad, también tienden a impulsar la productividad. Una mayor productividad laboral conduce a salarios más altos, compensados en mayor o menor medida por el costo de la vivienda urbana.

¿Es la ciudad una colección de personas altamente educadas y la oficina una forma de coordinarlas? Dado que muchos de los trabajadores han podido producir mediante el uso de internet, ¿existe alguna necesidad de proximidad física? Al parecer si. ¿Tiene la ciudad un futuro incierto? Al parecer no.

Lo comentaremos en una próxima columna.

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