Economía Urbana

La necesidad de una mirada holística a la ciudad

Un tercio de los santiaguinos vive en barrios segregados, equivalente a un cuarto del territorio de Santiago, lo que representa a más de dos millones de personas que viven hoy en viviendas con algún tipo de subsidio estatal, agrupadas en su mayoría en barrios de la periferia de la capital.

Es imprescindible aumentar los 55 m2 entregados por departamento hoy y, sobre todo, mejorar su localización. El precio final de subsidio incluye la compra de terreno y es ahí donde se produce el problema, ya que para llegar al promedio de 570 UF por vivienda, la adquisición de tierra se debe hacer en lugares donde el precio del suelo es bajo, o sea en la periferia. Esa decisión va asociada a la lejanía de centros de empleos, de estaciones de metro y a la precariedad de infraestructura estatal. El Estado entrega como ayuda una vivienda ubicada en un lugar alejado de la ciudad, en donde se gastan gran parte de sus ingresos en acercarse a ella en busca de educación, empleo o servicios.

El transporte público de superficie no colabora a mejorar las oportunidades, pasando más de tres horas diarias en una micro en vez de estar en su casa con sus hijos o el ocio. Es sabido que mientras ambos padres trabajan, los hijos son más vulnerables a dejar estudios o tomar el camino -aparentemente fácil-, de las drogas o la delincuencia. Sobre todo en un entorno en que no hay nada más que bloques de viviendas, cemento y tierra. En definitiva, el problema es complejo.

Es aquí donde resulta importante y urgente mirar a la ciudad desde una mirada holística, para que de una vez por todas podamos planificarla estratégicamente, en donde el Estado a través de sus diversas instituciones, la sociedad civil y las empresas se unan para desarrollar una visión común o lo más cercana a ella para movilizar recursos, de todos los tipos, para generar oportunidades en puntos de la ciudad en las cuales hoy nada o poco ocurre.

¿Por qué el Estado no da prioridad absoluta a líneas de Metro que lleguen a los ya conocidos sectores densos y segregados de Santiago? ¿Por qué el Estado no invierte en infraestructura estatal y espacio público de calidad en aquellos sectores vulnerables? ¿Por qué no incentivar el desarrollo de empresas que actualmente se localizan en el eje Alameda-Providencia-Apoquindo en otro sector de la capital?, ¿por qué no dar beneficios a quienes se instalen en otros lugares? El desafío es grande y las dudas son muchas.

Académicos de la Universidad Mayor.

Por Gerardo Ureta e Isabel Matas.

Publicado en Diario Pulso

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