Plan de Movilidad Urbana para el gran Valparaíso

El área metropolitana del Gran Valparaíso sufre diariamente momentos de crisis en la movilidad de sus habitantes. Podemos observar todas las virtudes, defectos, rutinas e improvisación encarnados en la circulación de personas, actuando con cierta (in)disciplina y gran resignación, en un contexto carente de una oferta de transporte público como alternativa real y eficiente, tanto al uso del transporte privado o como respuesta a la falta de accesibilidad en zonas marginales.

Hoy, moverse es “la” experiencia urbana más significativa, porque impacta la calidad de vida de las personas. La movilidad es un problema humano, más que técnico y económico. Lo que se requiere, además de dinamizar los trayectos, es dignificarlos, mejorando el espacio público y el sistema que soporta esta experiencia.

El desarrollo urbanístico y el crecimiento del parque automotriz han hecho que la convivencia entre peatones, autos, transporte público, motos y bicicletas en las ciudades sea cada vez más compleja. Todos estos elementos necesitan constituir una relación “espacio tiempo” en la vía urbana, lo que parece obvio, pero no es tan simple. Es así como la planificación estratégica urbana cobra sentido al tener que distribuir este espacio en función de las necesidades de cada zona, con el objetivo de conseguir una movilidad más racional, sana y sostenible.

Es importante jerarquizar las vías de circulación cuando la topografía y los trazados urbanos históricos lo permiten, teniendo calles de red básica (gran volumen de circulación y conectividad con las diferentes zonas) y calles de red local (prioridad peatonal, restricción al uso del automóvil, localización de paraderos de buses y metros en puntos estratégicos). En zonas complejas, como son las quebradas y cerros, se debe con urgencia avanzar en los objetivos de integración social planteados en la Comisión de Política Nacional de Desarrollo Urbano, referidos a “incrementar la conectividad, la seguridad y la accesibilidad universal”, por lo que se deben establecer con urgencia metodologías de evaluación de proyectos que reconozcan esta complejidad territorial y los alcances que las soluciones de conectividad no convencionales (ascensores, teleféricos urbanos u otros) tienen en términos de rentabilidad social, más allá de la mera demanda y oferta de pasajeros a cubrir (tarea para el Estado).

Por otra parte, además de requerir la integración de los servicios que concurren en la planificación de estos espacios, se hace prioritaria la corrección y coherencia en los usos de suelo para no generar mayor densidad en sectores que no podrán absorberla. Ejemplos de daños en barrios emblemáticos existen en todo Chile. Viña del Mar tiene su propio ejemplo en la Población Vergara, la cual está siendo foco de una modificación al uso de suelo -resistida por algunos a pesar del evidente colapso-, con el único instrumento con que cuenta la planificación urbana chilena para poner freno a situaciones ex post: el “Seccional”, lo que significa que vamos enmendando y parchando la ciudad a medida que nos damos cuenta que sufrimos diariamente a través de nuestra experiencia de movilidad urbana.

Este es un problema largamente estudiado desde mediados del siglo pasado con la explosión del uso del auto en EEUU. Citando a Juan Parrochia, “padre del Metro de Santiago”, Premio Nacional de Urbanismo y fallecido esta semana a los 86 años, quien para hacerle frente a este problema que se venía hace medio siglo para el área metropolitana de Santiago, decía “hay que repensar el motor completo, con conocimiento, creatividad y mucho trabajo. Se requiere un liderazgo urbanístico con una verdadera motivación por resolver el problema de fondo”. Hoy este problema se ha extendido a todas las áreas metropolitanas de Chile, sin excepción.

En las grandes ciudades del mundo, un modelo exitoso y sostenible de movilidad urbana es el que articula una óptima distribución del uso del suelo y una oferta de servicios de transporte que garantizan las debidas relaciones entre las actividades de la ciudad. Parte indispensable de la estrategia es un “plan de movilidad”, el cual es entendido como un instrumento de reflexión sobre la ordenación y el crecimiento urbano.

Planes que son una realidad en varios países del OCDE, los cuales se han encargado de las estrategias de oferta de espacio público, servicios y equipamiento, infraestructura eficaz para el ciudadano y el turista, minimizando el consumo de energía y la contaminación, logrando una distribución eficaz de mercancías bajo modelos de logística urbana, con base al intercambio de información entre personas e instituciones que aspiran a mejorar la productividad, la economía y la calidad de vida de las ciudades.

Sin duda alguna que en el Gran Valparaíso urge un Plan de Movilidad Urbana, no como un documento más de lectura ocasional, sino para que realmente sea adoptado por todas las comunas y logre los primeros resultados en las transformaciones que hoy se elaboran, como la implementación del Plan de Integración Intermodal Metro -Ascensores- Troles (MAT) o la siguiente fase del aún inconsistente TransValparaíso (TMV), mediante la ocupación de los fondos Transantiago que el Gore tiene disponibles para estos efectos.

En este sentido, es valorable el esfuerzo que realiza la Intendencia de Valparaíso al crear la Comisión para la Infraestructura, Transporte y Movilidad Sustentable de Valparaíso. Por tanto, hace sentido el llamado del intendente Gabriel Aldoney a que las propuestas de la comisión apunten a valorizar el tiempo libre de las personas, invertido hoy en el uso del transporte, de manera de optimizarlo para que puedan compartir con sus familias, invertirlo en ocio y en el descanso que merecen.

Todo lo anteriormente expuesto debe ser culturalmente asimilado por el ciudadano y valorado por todos quienes se mueven de la casa a su actividad diaria en el Gran Valparaíso. Conocer los derechos y activar responsablemente la demanda de mejoras en algo que nos afecta a todos, día a día. Crear movilidad urbana para reformar nuestras ciudades, partiendo por conocerlas y entenderlas es la clave. Y es urgente.

Columna publicada en Plataforma Urbana.

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